Va al inicio 9 de Febrero del 2010
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EL CEMENTERIO DE COLÓN
La más sorprendente necrópolis del mundo

La Habana es de esas ciudades donde a cada paso pueden descubrirse obras de arte de inestimable valor. Una de ellas, por supuesto, resulta el Cementerio de Cristóbal Colón, considerado por muchos especialistas como la más sorprendente necrópolis del mundo, por la belleza y magnificencia de sus construcciones, mausoleos y monumentos, evidentes muestras espirituales y materiales de los cubanos manifestar el amor a sus seres queridos, héroes y defensores de la Patria.

Atractiva para cubanos y extranjeros, esta singular ciudad funeraria de 560 000 mē exhibe los más variados estilos: ecléctico, románico, gótico, griego, egipcio, militar, renacentista, neoclásico, art nouveau, art deco, racionalista y moderno, así como los más variados materiales y ornamentos: rejas, cancelas, balaustradas, vitrales, columnas, cruces de diferentes religiones, mármol de Carrara, granito, piedra, maderas preciosas, querubines alados, bronces y hasta reproducciones fotográficas en superficie de porcelana. Un conjunto orgánico y coherente de perfección, paz y afectos, enriquecido con creaciones de verdaderos maestros que dejaron plasmada su huella, para beneplácito de familiares y del arte universal.

Ubicado en la calle Zapata, a unos metros de la céntrica esquina de 23 y 12, en el Vedado habanero, su construcción fue el resultado del crecimiento demográfico, económico, social y cultural de la ciudad en el siglo XIX. El Cementerio de Espada se hizo pequeño y los 'nuevos tiempos' exigían algo superior. Se convocó entonces a un concurso que seleccionó el proyecto del arquitecto gallego Calixto Aureliano de Loira y Cardoso, diseñador también de la primera tumba que, como ironía del destino, recibió sus restos poco tiempo después. En 1886 quedó finalizada la obra, integrada por un muro perimetral, solución vial del arbolado, portadas de acceso, edificios administrativos y capilla central, cuya distribución urbanística recuerda un campo militar romano, con el 'mondus' al centro, y la forma de una gran cruz acompañada por otras cuatro secundarias.

Entre sus monumentos más destacados está la gran puerta de entrada, conocida también como Puerta de la Paz o Puerta Norte, y un hermoso arco de triunfo ecléctico, que se divide en tres accesos, y finaliza en una pirámide truncada, sobre la que descansa el conjunto escultórico de mármol formado por las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. También, imposibles de ignorar u olvidar, la bizantina capilla central con pinturas del cubano Melero y vitrales procedentes de Colonia, Alemania; o el monumento erigido a los estudiantes de Medicina ejecutados en 1871; o la lápida con un doble tres esculpido, donde reposa una anciana que murió cuando perdía un juego de dominó con esa ficha en la mano; o la conmovedora obra dedicada al Cuerpo de Bomberos de La Habana, por sus miembros fallecidos en el trágico incendio de 1890; o la legendaria Amelia, inmortalizada en una estatua a la que acuden cada día fieles de todo el país para hacerle promesas y depositarle obsequios y flores; o las numerosas tumbas, de increíble esplendor, levantadas en honor de personalidades y héroes de la Patria.

Declarado en 1987 Monumento Nacional -sobran razones-, nuestro Cementerio de Colón como es nombrado comúnmente, deslumbra e invita, impresiona y estremece; pero sobre todo, estimula a perderse entre sus arbustos, calles y arte funerario, para descifrar en el silencio la belleza que el hombre ha sabido crear para homenajear a sus muertos.

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